16 feb 2012

Verónica Cioppi

Referencias

     Mi trabajo comenzó inspirándome en una imagen: la enredadera enroscada sobre una pared, al ver esto pensaba… “que lindo, ¡cuanto amor! Me resultaba gracioso pensar así, pero seguí mirándolas y en cada pared con una enredadera llena de flores o con una enredadera seca, veía que hacía las cosas mas hermosas, o al menos les daba un sentido, tal vez sin la enredadera no hubiera mirado a esa pared, o a ese poste de luz, o a esa rama de árbol seca, pero con ella todo tenia un sentido para mi, es decir me hacía sentir un montón de cosas y eso para mi es hermoso, me hace sentir viva.
     Como la consigna era poner en contexto mi trabajo, elegí el periodo rococó, específicamente el francés, ya que al ver este período en historia del arte con Mabel, me sentí un poco liberada después de estar viendo tanta opresión, tanto sentimiento oscuro o religioso, este período tiene muchas cosas que hablan de mí, el enamoramiento, el amor por la naturaleza o los espacios naturales, el disfrute de estar ahí y sentirse bien, la libertad por el sentirse bien, (hay una pintura de Fragonard muy hermosa, que la miro y calza perfecto en mi proyecto)  y también Francia. Se que mucha gente se enamora al ir a Paris y  no soy muy original sobre esto, pero puedo hablar por experiencia propia y puedo decir que fue y es amor. ¡Ojo!, amo a mi país, pertenezco a él, pero ir allá fue como encontrar un gran amor donde juntos somos uno, y Buenos Aires tiene muchas cosas de Paris y por eso todo tomó sentido para mi, y al llegar allá me sentí como la enredadera que se trepaba a todo y se enamoraba de todo y ella me embellecía a mi y yo a ella.

Justificación:

     Es importante para mí hacer un trabajo que me represente y mostrar mi necesidad por hacer sentir al otro las cosas más lindas, más sinceras y más inocentes. El amor para mí es eso, y te hace volar y ser libre.


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      El Rococó es un movimiento artístico nacido en Francia, que se desarrolla de forma progresiva entre los años 1730 y 1770.
      El rococó es el fenómeno típico de una sociedad histórica y traduce también muy fielmente las ideas y sensibilidad que caracterizaron a esa sociedad humana: el exotismo chinesco, la galantería  y la ironía,  la osadía de expresión, partiendo de un anhelo de elegancia y de claridad, y el interés por las pequeñas cosas naturales.

     Este estilo se designo en francés Rocaille ( en España también se lo llamó “Rocalla”); pero ha prevalecido su designación por la voz “rococó”, del tono más familiar.
     El Rococó se define por el gusto por los colores luminosos, suaves y claros. Predominan las formas inspiradas en la naturaleza, en la mitología, en la belleza de los cuerpos desnudos, en el arte oriental y especialmente en los temas galantes y amorosos. Es un arte básicamente mundano, sin influencias religiosas, que trata temas de la vida diaria y de las relaciones humanas. Es un estilo que busca reflejar lo que es agradable, refinado, exótico y sensual.
 (Historia del Arte Juan Salvat tomo 8)

 

Contexto histórico y social

 

     Su precedente se sitúa en los inicios del siglo XVIII coincidiendo con la regencia de Felipe de Orleans, cuando empezaron los tímidos cambios que anunciaban el final del estilo tardo barroco y su evolución hacia la expresión de un gusto más contemporáneo, independiente y hedonista, contrapuesto al arte oficial, inflexible y ostentoso del reinado de Luis XIV. La transición del Rococó,

también conocido como el «estilo Luis XV», a nuevas formas y expresiones artísticas, empezó hacia el 1720.
     Este estilo, llamado en su tiempo «del gusto moderno», fue despreciado por sus críticos y detractores neoclasicistas con la palabra Rococó, que es una composición de «rocaille» (piedra) y «coquille» (concha marina), puesto que en los primeros diseños del nuevo estilo aparecían formas irregulares inspiradas en rocas marinas, algas y conchas. Otras versiones buscan el origen en rocaille, un tipo de ornamentación de los decoradores de grutas de los jardines barrocos y que se distinguía por su profuso ensortijamiento. A pesar de la intención peyorativa de esta denominación, que pocos historiadores actuales todavía apoyan, el Rococó es un ejemplo de cómo el arte es la inmediata expresión de la vida social y de cómo un estilo se hace a medida del individuo, de cómo las viviendas y los objetos se diseñan para los hombres y no sólo para dioses y monarcas.
     El estilo se expresa sobre todo en la pintura, la decoración, el mobiliario, la moda y en el diseño y producción de objetos. Su presencia en la arquitectura y la escultura es menor, puesto que su ámbito fundamental son los interiores y, en menor grado, las composiciones monumentales.



Características del Rococó
  
   En arquitectura, los edificios mantienen un trazado externo simple, sin embargo, en el interior la decoración se desborda. El rococó impone la acumulación de elementos decorativos basados en líneas ondulantes y en la asimetría. Alcanza mucha difusión el gusto chino, que había entrado en Europa con las piezas de porcelana, telas o lacas, y que decorará los salones occidentales con sus temas más representativos.
En pintura, los temas más abundantes son las fiestas galantes y campestres, las historias pastoriles, las aventuras amorosas y cortesanas. Las composiciones son sensuales, alegres y frescas, predominan los colores pasteles, suaves y claros. La mujer se convierte en el foco de inspiración, ya que es la figura bella y sensual.

    

Un cuadro sinóptico muy interesante:



EL ROCOCÓ EN AMERICA:

     En 1773 comenzó la guerra de independencia de las 13 colonias de Norteamérica, que aspiraban a independizarse de Inglaterra para formar su propio gobierno. En 1776, los representantes de los colonos se reunieron en Filadelfia y proclamaron su independencia. Esta fue la primera revolución política que demostró la posibilidad de ser llevada a la práctica, las colonias constituyeron una república federal que adoptó el nombre de Estados Unidos de América.
     El Rococó como estilo, llega a América Latina hacia 1780 de la misma manera que anteriores tendencias, es decir “exportado” desde la península con el fin de satisfacer las demandas artísticas tanto de los gobernantes españoles, como las del clero en las colonias.
     Sin embargo, el rococó no es oriundo del arte Español, el simple despertar rococó en España es producto de la influencia francesa; y más allá de ser una influencia, es casi una imposición cultural por medio de la cual Francia se aseguraba una hegemonía y acercamiento social en la península en reprimenda de su enemigo natural: Inglaterra. Esta casi “imposición” obviamente es acogido por la sociedad española que sin embargo va a transformarla y adaptarle un matiz diferente al resto de Europa, la otrora dominación árabe aún marca las tendencias artísticas hispanas; y esta mezcla de influencias (árabe, francesa y española) son llevadas a América Latina por españoles para españoles.
     Sin embargo, el arte rococó pierde su esencia en América; por que si bien es cierto que  nace de la necesidad de embellecer y sublimar los procesos vitales, estos degradan su “sutileza pictórica” al ser una banalidad ostentosa utilizada por nobles y por el clero en un claro manifiesto de poder, posesión y lujo. Esto desde luego es rechazado por las sociedades nativas que consumen (producen) en poca medida este estilo; no tanto así sucede con el barroco aún vigente sobre todo en Perú y México en el que los artesanos indígenas han logrado rescatar las formas barrocas con un juego pictórico y geométrico propio de sus ancestros; éste estilo mal denominado “Barroco Mestizo” sería la contraparte popular del ostentoso Rococó Hispano.
     La arquitectura religiosa será la “punta de lanza” de toda una galería de artes que llegarían a América pregonando la ostentosidad de los reyes y demostrando que el Siglo XVIII es el siglo del absolutismo. Aunque la estructura externa de los edificios rococó se confunden con los del barroco por sus sutiles diferencias; el trabajo interno y pictórico denota un radical cambio en la forma de pensar de los religiosos de entonces, atrás quedaron los postulados de Bartolomé de las Casas (entre otros) pregonando la humildad de la Iglesia, el siglo XVIII trajo al rococó, y el rococó trajo ostentosidad y lujo para “El Rey de todos los Reyes” (Según el pensamiento de la época)
    Si bien es cierto, los retablos se utilizaron desde el periodo Barroco, el Rococó en América hace que estos sean realmente concebidos como Arquitectura Escultórica o Escultura Arquitectónica, como se prefiera, generando un espacio de dominio entre el usuario y el principio del “El Creador”; el bombardeo de formas y luces doradas de los retablos es un espectáculo no visto anteriormente en un espacio que buscaba el recogimiento y ahora el empequeñecimiento de la condición humana.
     En las casas de los nobles, militares o hacendados llegarían como oleadas cantidades enormes de piezas mobiliarias; famoso es el caso local de la actual “Casa del Mariscal Orbegoso” donde se exhiben muebles Luis XVI en buen estado de conservación; lo mismo los espejos, mesas, baños, etc. Por un error de entendimiento popular, las piezas rococó y la explosión pictórica se habían convertido en sinónimo de lujo.
     El Arte, como arte es una expresión social, entonces no puede ser calificado de bueno o malo según su belleza o estética, sino por la calidad con la que este puede expresar el sentir popular.
     En este sentido, el rococó era un arte hecho (traído) para una minoría, una minoría que dominaba el ámbito político y económico, pero que era minoría al fin y al cabo, una masa social oriunda que no solo transforma y degrada el espacio natural americano sino que impone y restringe los estilos artísticos del momento, socavando el pensamiento colectivo de las comunidades locales.

OBRAS DEL VIRREY MANUEL AMAT Y JUNYET




     El virrey Manuel Amat y Junyet continuó la reconstrucción de Lima que inició el virrey Conde de Superunda después del trágico terremoto de 1746. Su objetivo era convertir a la capital del Perú en una de las ciudades más hermosas y seguras de América.

     Los principales monumentos arquitectónicos ordenados por el virrey Amat tuvieron como modelo el estilo rococó, muy en boga en Francia del siglo XVIII. Entre las obras más destacadas tenemos a la plaza de toros de Acho, el paseo de Aguas, un coliseo de gallos, la alameda de los Descalzos, el convictorio de San Carlos, la iglesia de las Nazarenas y las torres de la iglesia de Santo Domingo. En el Callao se culminó la impresionante fortaleza del Real Felipe. La renovación urbana de Lima incluyó las construcciones de bellos cafés y nuevos hospitales.

      En 1767 llegó la orden de expulsión de los jesuitas del Perú. Fue una Pragmática Sanción decretada por el Rey Carlos III, ésta se cumplió el 9 de setiembre de 1767. Todas las propiedades de los religiosos expulsados pasaron a poder de la Oficina de Temporalidades, institución que remató gran parte de los bienes. Al clausurarse los colegios jesuitas, Amat fundó el Real Convictorio de San Carlos y construyó un bello edificio para su sede.

     No se puede dejar de lado la famosa relación amorosa del sexagenario Virrey con la joven y bella actriz Micaela Villegas, con quien tuvo un hijo llamado Manuel Amat y Villegas. Este amor escandalizó Lima, principalmente, por el origen plebeyo de la muchacha, una mujer ilustrada y caritativa, a quien las lenguas envidiosas llamaban Perricholi.

     La vida cultural en el gobierno del Virrey Amat se desarrollo con mucha fluidez, fue impulsor de las letras y el arte, gracias a la intervención de su protegida, su querida Miquita (que equivaldría a una especie de Madame de Pompadour) a la que le dedicó obras arquitectónicas de gran belleza, como La Alameda de los Descalzos, el bello palacete La Quinta de Presa, el Templo de las Nazarenas que albergaría la imagen del Señor de los Milagros de la cual era devota y El Paseo de Aguas, que fue construido para impresionarla. Dicen que cuando éste le profesó su amor, ella le respondió que lo aceptaría si él ponía la Luna a sus pies, entonces el Virrey mandó construir el Paseo de Aguas, acordonado por unos arcos de estilo Francés y al centro una amplia fuente donde se reflejaba el cielo, y en una noche de luna llena la llevó al borde de dicha fuente, diciéndole “... hoy pongo la Luna a tus pies”...
     Al igual que ocurrió con otras casonas, la quinta se levantó sobre terrenos destinados al cultivo de productos de pan llevar entregados a muchos españoles que contribuían con el desarrollo de la zona. En este caso, los cimientos de esta gran mansión se pusieron a finales del siglo XVI, sobre las chacras de propiedad de don Martín Arias Del Castillo. En sus inicios fue una casa con molino de harina y luego, molino de pólvora hacia el siglo XVIII.
      Su propietario más importante fue el Coronel del Ejército Real Pedro Carrillo de Albornoz y Bravo de Lagunas, Caballero de la Orden de Montesa, quién heredó la casa de su tía Isabel de Presa Carrillo de Albornoz, de allí el nombre que se le dio. Es en este tiempo, entre 1770 y 1780, en que la quinta adquiere las características actuales y se convierte en una mezcla de casa de campo con Palacio, muy al estilo francés o “rococó”, siendo la única de este tipo que queda en Lima.



La Quinta Presa

     Se dice que en la edificación contribuyó el Virrey Amat y Juniet y que incluso lo hizo para acomodar luego ahí a su amada Miquita Villegas, pero no existen pruebas al respecto.
     También que durante la Emancipación, pese a ser de propiedad de descendientes de españoles, se puso al servicio de las huestes criollas y se convirtió en un fortín o lugar para guardar la caballería peruana.
      Era uno de los lugares preferidos por el pueblo durante sus excursiones dominicales. La costumbre solían ser los paseos por sus alrededores antes de dirigirse a las pampas de Amancaes, sobre todo los 24 de junio en que se celebraba a San Juan Bautista.           
      Esta costumbre duró hasta bien entrada la República, cuando el palacete es cerrado al público y es adquirido por el Estado Peruano en 1918.




La Quinta Presa

      Trece años después, se convirtió en sede del cuartel de la antigua Guardia República y hacia 1938, en un Museo del Virreinato, mantenido por poco tiempo, en el que se podían observar muebles, lienzos, adornos y prendas coloniales, así como una tina de mármol y espejos de fina factura.
     Finalmente, en 1992, fue centro de la Escuela Taller de Lima. Actualmente está desocupada, con restricciones de ingreso, administrada por el Instituto Nacional de Cultural.

FUENTES

  • MUNICIPALIDAD DEL RIMAC – Gerencia de Participación Ciudadana
  • FOTOS:
  • MUNICIPALIDAD DEL RIMAC



Mapas:




Obras que me inspiraron:


Madame de Pompadour, en un retrato por François Boucher 1758.





El columpio, obra maestra de Fragonard, donde se recoge el espíritu refinado, exótico y sensual propio del Rococó.




La basílica de Ottobeuren (Baviera): los espacios arquitectónicos confluyen y se dispersan, como si tomasen vida.




Conclusión:

    El Rococó es una tendencia artística surgida en Francia a principios del siglo XVIII como sublimación del abigarramiento decorativo barroco. Este estilo apenas duró setenta años en Francia, entre los reinados de Luis XV y Luis XVI, siendo ahogado por el purismo neoclásico y la Revolución Francesa. El ser un estilo prácticamente ornamental y, por tanto, superfluo le reducirá al ámbito exclusivo de la aristocracia, no calando ni en el gusto popular ni en el de la Iglesia, que seguirán apostando por un estilo barroco más tradicional. Por su parte, la burguesía revolucionaria identificará a este estilo con el Antiguo Régimen y se decantará por el sobrio neoclasicismo.
   Rococó fue un estado de ánimo, una actitud ante la vida, el pensamiento, la sociedad, que se inicia a principios del siglo XVIII y actúa, aunque no de manera excluyente, en la concepción del arte de su época.


Trabajo Final





1 comentario:

  1. El segundo apellido del virrey era Junyent, del catalán, lengua en la cual la "ny" juntas se pronuncian como la "ñ" castellana.

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