Desarrollo de un diseño propio
Perído elegido: Los Tuareg en la actualidad.
Justificación: elegí investigar la cultura Tuareg por diversos motivos. Principalmente el interés por lo desconocido, la curiosidad que me caracteriza. Este hecho me hizo considerar la idea de estudiar algún período que no fuera dado en la materia "Historia del Arte" y de esa manera ponerme en contacto con alguna cultura no muy "promocionada". África es un continente que siento lejano por ser muy distinto a lo que conozco y eso siempre me atrajo. A partir de allí pensé en piezas de joyería oriundas de esa zona que me hubieran llamado la atención y recordé las de las de los Tuareg.
Su formato, los materiales que utilizan, y los pocos recursos, con los que cuentan para hacerlas, siempre me cautivaron. Este trabajo significa una buena oportunidad para conocer un poco más de ellos.
Investigación:
Tuareg, los hombres del velo azul
La mejor manera de adentrarse en la identidad de un pueblo es mediante el conocimiento de las actividades que lo definen. En primer lugar analizaremos su historia, que en el caso de los Tuareg sólo es conocida por los textos de los antiguos cronistas árabes, dado que los europeos no los describen hasta el siglo XIX. Luego, su economía ganadera y la forma en que organizan su vida cotidiana en el desierto, con la tienda como centro del campamento y de la comunidad familiar.
Y finalmente su artesanía, el tratamiento que dan a los objetos domésticos, y arte manifestación de su gusto por la belleza y metáfora de su mundo. Aún pueden verse algunas de sus tiendas en el desierto y en el Sahel, pero el ganado escasea y los Tuareg asisten impotentes al epílogo de su existencia cultural. Más de mil años de vida nómada, que han construido su leyenda, conducen inexorablemente a una casa de adobe y una dieta de mijo.
Historia:
La sucesión de los episodios climáticos no está determinada con, exactitud, aunque es sabido que, en
el pasado, el manto verde que cubría el Sahara y diversas corrientes de agua permitieron los asentamientos humanos desde el paleolítico. Hacia el 7.500 a.C. se produce un proceso de neolitización durante el que aparece la primera cerámica. Probablemente, se trataba de pueblos que basaban su alimentación más en el pastoreo que en la agricultura, pues la vida plenamente sedentaria, no está documentada en Egipto y Sudán hasta 3.000 años más tarde. El establecimiento de poblados permanentes facilitaría la aparición de grupos relacionados con territorios -etnias- y la diversificación de las poblaciones. En todas las montañas del Sahara -Adrar de los Ifora, Hoggar, Tassili, Ayr, Tibesti, Ennedi...-se encuentran conjuntos de grabados y pinturas rupestres descritos en el s.XIX por Heinrich Barth. Las figuras humanas también abundan: personajes masculinos y femeninos en relación con el ganado, otros aislados y algunos portando máscaras. La interpretación de esas escenas es aún objeto de discusión, pero el testimonio de los nativos consultados explica los acontecimientos representados en relación con prácticas y ritos de su propia cultura que aún se realizan en la actualidad.
Aunque siempre se mantuvieron ciertos contactos comerciales, la desertización de Sahara aisló el norte mediterráneo de los pueblos negros del sur, lo que no tuvo consecuencias muy negativas para el desarrollo de África. Los pueblos neolíticos que lo habitaban en las épocas húmedas se dispersaron de una forma similar a como se hallan en la actualidad. En la antigüedad, los Bereberes, conocidos como "Iblo" por griegos y romanos, se extendían entre Egipto y Marruecos. Los Tuareg fueron posiblemente los garamantes descritos por Herodoto: "estos garamantes cazan, con sus cuadrigas a los etíopes trogloditas".
Con la invasión árabe, entre los siglos VII y XI, se produjo la fragmentación de las sociedades Bereberes; en el área atlántica del Sahara se instalaron los antepasados de los actuales "moros", llamados así al haber sido culturalmente arabizados, perdiendo incluso su lengua; en los macizos centrales del desierto -Hoggar, drar de los Ifora, Ayr- se refugiaron los Tuareg, que habían permanecido fieles a sus dialectos originales, conservándose, grabados en las rocas, muestras de su antigua escritura el tifnagh.
En sus nuevos territorios se formaron las tribus que encontraron los europeos cuando llegaron al Sahara en el s.XIX: Kel Agra, Kel Adagh o Kel Inoras, Kel Tademelkket, Lullemmeden y Kel Ayr, compuestas a su vez por diversas sub tribus. La cultura de estos dominadores del desierto cristalizó en esos siglos de migración y asentamiento, pues los Tuareg sometieron a la esclavitud a las poblaciones originales, naciendo el sistema de castas – nobles y vasallos - que ha mantenido su sistema económico, favorecido por el aislamiento, inalterado durante mil años.
Además de establecer su estructura social y su economía característica, la ocupación por los Tuareg de los territorios saharianos y sahellanos alteró su aspecto físico original, blanco de tipo mediterráneo.
La captura de enemigos de piel negra, agricultores sedentarios , que se incorporaban al grupo en calidad de esclavos para cuidar del ganado y realizar los oficios serviles, ha oscurecido su piel y alterado surasgos, considerándose hoy Tuareg a muchos individuos de indiscutible origen sub sahariano. Sin embargo las clases aristocráticas conservan en gran medida sus características mediterráneas. Dominadores del desierto y de los macizos rocosos, los Tuareg son, sin embargo, conscientes de no ser los primeros habitantes de su país. Los cementerios y las tumbas individuales, situados en las mesetas y en las terrazas de los valles, las pinturas sobre las paredes rocosas, las puntas de flecha que salpican el suelo de los viejos talleres, son el recuerdo permanente de los “hombres antiguos” – Kel Iru -, llamados Ijjabaren.
En los troncos de los árboles fosilizados se ven los esqueletos de los Ijjabaren muertos en combate, señalando sobre la superficie de las madera las heridas que les causaron la muerte. Estos Kel Iru eran de estatura gigantesca y cavaban en busca de agua con las manos desnudas, formando los puñados de tierra que extraían las dunas del desierto. Los Tuareg vuelven a excavar los pozos antiguos, que son para ellos una garantía de encontrar agua.
La historia de este pueblo nómada sólo es conocida parcialmente gracias a los textos de los cronistas árabes. El nombre Tuareg les fue dado por ellos, que antes de su conversión al Islam los consideraban “abandonados de Dios”. El nombre local que se dan a si mismos depende de la tribu, pero todos se consideran participantes de una misma forma de vivir, de compartir los mismos valores y de expresarse en la misma lengua, el tamasheq.
Durante siglos y hasta iniciada la colonización francesa, a principios del s.XIX, cuando se produjo el gran quiebre en su cultura comenzando un proceso de exterminio, la confederación Tuareg – Agar (Hoggar) – Azjer (Ajjer), Asben (Aor Tuareg), Ifora, Iteren (Kel Geres), Aulliminden y Kel Tademaket –dominó el comercio y las vías de comunicación erigiéndose como la gran dueña del desierto y la sabana.
Su actividad consistía en el transporte de mercaderías de oeste a este, desde el océano Atlántico al mar Mediterráneo así como también el intercambio o canje de especias entre diferentes grupos, siempre en caravanas de cientos de camellos.
Una vez independizados de Francia, los ahora nuevos estados como Mali, Níger, Mauritania y Chad se enfrentaron a las demandas de diferentes grupos Tuareg sobre la autonomía y restitución de tierras. Sin embargo, la necesidad oficial de explotar los importantes yacimientos de petróleo, oro y uranio de estas tierras dictaminaron, para paliar las deudas contraídas con el FMI, una vez más, años de batallas persecuciones y expulsiones.
En 1963, se produjeron las primeras revueltas Tuareg, especialmente en Mali y Níger, seguidas de la represión gubernamental saldada con miles de víctimas entre la población Tuareg civil. Se estima en más de 1500 víctimas en dos meses en Níger y más de 600 en Mali.
Las sequías de 1973 y 1974, y 1984-85 diezmó la casi totalidad de su ganado y forzó a muchos Tuareg a sedentarizarse en suburbios alrededor de los centros urbanos, o emigrar hacia Argelia, Libia y Nigeria.
Hoy muchos Tuareg viven en comunidades sedentarias en las ciudades que bordean el Sahara y que anteriormente fueron grandes centros comerciales del África occidental. La falta de recursos ha obligado a muchos jóvenes a emigrar a otros países como Ghana o Costa de Marfil. En la actualidad, la población Tuareg se estima en 900 personas.
ECONOMÍA
El pueblo Tuareg practicó la agricultura y por lo tanto tuvo un estilo de vida sedentario. Algunos hallazgos de escrituras en “Tifita” (130 a.C.), alfabeto Tuareg diferente al árabe, permiten afirmarlo.
Las invasiones Árabes e Hilalianas del s.XII forzaron a los Tuareg a adoptar un estilo de vida nómada.
El nomadismo impone la necesidad de usar una estructura práctica de transportar. Por tal motivo, usan tiendas de piel de cabra curtida, tinte con argila oscurecida y sostenida con palos de leña de bambú, o en alternativa, la estructura de cupula formada de ramas recubiertas de esferas.
Los Tuareg viven en una unidad familiar extensa (tribu o tawshit), que se desplaza según las necesidades de sus rebaños, constituidos esencialmente por vacas y bueyes, algunos camellos, numerosas cabras y, en ocasiones, ovejas. El rebaño de un campamento nunca es de propiedad colectiva. Cada animal pertenece a un propietario conocido por todo el mundo. Los animales de un hombre y su mujer proceden de rebaños distintos y tan sólo son administrados en común.
Cada individuo recibe, desde el nacimiento, uno o varios animales que durante años permanecerán mezclados con los de sus padres. Durante la infancia, puede darse que un niño reciba, si se tercia, algunos animales, aunque estos solo se redistribuyen con el matrimonio; son de la dote (taggalt) de la familia del muchacho a la de la muchacha, el “precio de la novia”, que evidentemente cambia según los grupos y la riqueza de las familias, y las exigencias del padre de la novia. Los animales de la taggalt abandonan el rebaño de la familia del marido para unirse al del padre de la esposa, que los llevará a partir de ese momento.
El matrimonio provoca asimismo la transferencia de los animales de la joven esposa del rebaño de su padre al de su marido. Además cuando deja a sus padres, la joven esposa recibe prestados de su padre animales que aseguren su provisión de leche, lo que a menudo es la ocasión de que el padre haga alarde de sus riquezas prestando a su hija un número de animales superios al que él ha recibido como taggalt.
Ese préstamo para leche se denomina shimuzagen, vocablo derivado del verbo ezzeg, “ordeñar”.
El rebaño (tamadent, “apacentar”) debe estar equilibrado desde el punto de vista de su vigilancia y alimentación, así como ser adecuado a la explotación de los pastos locales. habitualmente, los miembros de una misma familia que habitan en campamentos únicos o vecinos se agrupan para constituir una misma unidad de gestión, dividida en rebaños según los tipos de animales.
Así, camellos, carneros y cabras forman rebaños distintos que son guardados por los pastores adecuados la excepción son los bóvidos, cuyos rebaños son dejados en libertad y regresan al atardecer junto a la tienda de su propietario.
Actualmente, la falta de pastos para el ganado obliga a los Tuareg a practicar la transhumancia y desplazarse hacia el sur, donde intercambian animales y productos lácteos por cereales, té, mantas y telas con los pueblos agrícolas de la sabana.
Sociedad
Históricamente la sociedad Tuareg estaba dividida entre agricultores y comerciantes. En otro tiempo,
los agricultores eran considerados como clases bajas. Muchos eran originalmente esclavos, procedentes de cautivios de guerra o de los mercados de esclavos. Había tres grupos de esclavos en la clase baja: el Iklan, el Inaden, y el Harratin. Los Iklan se dedicaban al pastoreo, la cocina y otros quehaceres domésticos. Los inaden trabajaban como artesanos y herreros. Los Harratin eran agricultores.
Normalmente, los grupos Tuareg sedentarios mantenían una relación similar a la de vasallaje respecto a un jefe local, comerciante, que les garantizaba protección a la comunidad. Sin embargo, con la caída del comercio trans – sahariano y la consecuente pérdida del poder económico de los comerciantes Tuareg, estos granjeros sedentarios han llegado a superar en riqueza a los comerciantes con el lógico cambio en las relaciones sociales anteriores. Por otra parte, las administraciones coloniales y las de los nuevos estados han venido dificultando sus movimientos tradicionales transfronterizos.
La vida de estos pueblos nómadas transcurre alrededor y dentro de la tienda, que varía según la región
de procedencia. Los ratos de ocio se dedican a la oratoria, los acertijos y la música.
Los Tuareg son llamados “hombres azules”, a causa del turbante índigo “Taguelsmut”, llevado por los hombres, y que deja descubierto solo los ojos. Los “taghelmust” no sólo tienen funciones prácticas, como la protección del sol, sino también simbólicas; su uso de hecho se acompaña de timidez. Las mujeres Tuareg, llevan el torso descubierto, por ser mayoritariamente de fe musulmana y – a diferencia de cuanto tienen la mayoría de grupos islámicos – gozan de cierta libertad e importancia en la comunidad. La comunidad Tuareg se define como una cultura que basa su identidad en torno a los vínculos del idioma, y es a ellas a quienes se les confía la custodia y la transmisión de las tradiciones orales. Además las mujeres pueden divorciarse del marido que, en este caso pierde prácticamente todo, porque las tiendas son propiedad de las mujeres. El importante papel de la mujer en la sociedad Tuareg refleja tendencias matriarcales bien conocidas en el mundo Bereber.
Religión
Aunque la mayoría de los Tuareg son musulmanes su práctica religiosa no es tan estricta como en el resto, y mientras que son fieles en el cumplimiento de las oraciones diarias, no suelen observar el ayuno durante el Ramadan, especialmente los comerciantes cuando viajan. Como la mayoría de los musulmanes del norte de África, los Tuareg creen en la presencia continua de varios espíritus (Djinns). Al adivinación es realizada a través de los medios de Corán. Los hombres usan amuletos para su protección que contienen versos del Corán. Los hombres empiezan a llevar los velos teñidos de índigo, a la edad de 25 años que oculta la cara entera salvo sus ojos. Este velo nunca se lo quitan, incluso delante de sus familiares. En cambio las mujeres no llevan velo. Los Tuareg pertenecen a la corriente islámica Maliki com resultado de las enseñanzas del gran profeta, El Maghili, que fue quien difundió la religión entre ellos a principios del s.XVI.
El arte de la metalurgia
Los artesanos Tuareg consagran toda su inspiración a las artes de la orfebrería y el cuero, especialmente a la confección de joyas de plata, bolsos de gala y almohadones. Dicha inspiración surge de una arraigada tradición simbólica que remite a creencias preislámicas en las que dominan los motivos decorativos geométricos: la cruz, el damero, la red de rombos, el triángulo equilátero, las puntas de flecha estilizadas…los aderezos y las joyas de plata son confeccionados por herreros, una casta más bien marginal. Por lo general estos personajes son temidos y a la vez respetados por la tribu de los Tuareg, pues se cree que poseen poderes mágicos. Su quehacer dentro de la metalurgia hace que se les relacione con el fuego y, sobre todo, se piensa que tienen capacidades para la magia y la hechicería. Se dice que las personas que trabajan con metales detentan un enorme poder.
Estos forjadores de metales son grupos que por lo general se organizan de forma endogámica, es decir, que contraen matrimonio únicamente con mujeres de su mismo clan y actividades afines a las de ellos.
Las mujeres de estos herreros inigualables son también especiales dentro de la comunidad Tuareg.
En particular ellas son las que se dedican al curtido y trabajo con pieles de animales, y confeccionan gran cantidad de objetos utilitarios para la tribu. Por ejemplo hacen bolsas, colchonetas, monederos, etc.
Tradicionalmente, la materia prima (la plata) se obtiene de fundición de antiguos táleros con la efigie de María Teresa de Austria, de joyas usadas o, más frecuentemente en la actualidad de lingotes de plata comprados en Europa. Hasta principios de los años 80, el repertorio formal era limitado y poco diversificado. Los herreros sólo se permitían algunas variaciones personales en las líneas entrecruzadas de la decoración, en tanto que los demás metales, especialmente el oro, eran raramente utilizados.
Después, bajo la creciente influencia del turismo y de la exportación de joyas a Europa y a los EEUU, aunque también por motivos de supervivencia, los herreros resolvieron crear una nueva “línea” de joyas, ocasionalmente inspirada en un diseño occidental más adaptado a los gustos de una clientela cansada o ignorante de las formas tradicionales. Así es como se ha ido extendiendo una tendencia general a la estilización de los modelos tradicionales, al engarce sistemático de piedras preciosas y semipreciosas (cornalina, lapislázuli, etc.) o, a l manera de los artesanos moros, a la incrustación de motivos y adornos de madera de ébano.
Gran parte de estos adornos están creados, en especial, para el uso de la belleza femenina.
Aunque los hombres pueden usar también ciertos brazaletes gruesos en la parte alta de los brazos como un símbolo de fuerza.
Existe una cierta simbología en el metal empleado por los joyeros Tuareg para los ornamentos que fabrican. Por ejemplo, la plata, al contrario del oro (las mujeres tienen un miedo supersticioso al oro: no lo usan jamás) goza de un alto aprecio entre ellos pues es considerado un metal genuino y eficaz; un elemento portador de buena suerte, capaz de reflejar y ahuyentar a los malos espíritus.
Algunos collares y adornos para las mujeres están armados con conchas de mar, elementos que comúnmente se asocian a la fertilidad femenina.
Una de las figuras que con más frecuencia se ve en estos adornos es el triángulo. Esta figura está asociada a una simbología femenina, probablemente por se la mujer un personaje dominante en el seno de la sociedad Tuareg.
Conclusión
La realidad es que la búsqueda se hizo mas difícil de lo previsto, la información es muy escasa y muchas veces cuesta verificar la fuente. Tal vez, la falta de “promoción” esté relacionada con un dato que me pareció sumamente interesante y que copio a continuación “Una vez independizados de Francia, los ahora nuevos estos como Malí y Níger, Mauritania y Chad se enfrentaron a las demandas de diferentes grupos Tuaregs sobre autonomía y restitución de tierras. Sin embargo, la necesidad oficial de explotar los importantes yacimientos de petróleo, oro y uranio de estas tierras dictaminaron, para paliar las deudas contraídas con el FMI, una vez más, años de batallas, persecuciones y expulsiones”.
Los Tuareg como muchos pueblos de África, no son sólo un pueblo relegado, sino que han sido siempre pensados con un concepto totalmente erróneo. La imaginación popular – sumado a la falta de información – los visualiza como jinetes sobre elegantes camellos, viajeros en una tierra infinita, los últimos pueblos libres sobre nuestro planeta. Pero no hay que olvidar que para ser libre las necesidades básicas deben estar satisfechas, realidad que dista mucho de los Tuareg.
En época colonial y, después, con la creación de las naciones africanas, han sostenido luchas desesperadas para mantener su independencia y libertad de movimientos. En la actualidad, su destino es la sedentarización y la necesidad de buscar nuevos medios de vida.
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Anexo
Cruz de Agadés (ti-n-neghel tan Agadez)
Es ciertamente, la más conocida y difundida e incluso la más trillada de estas cruces. La encontramos colgada del cuello de todas las mujeres Tuareg del Ayr, cuya capital es justamente Agadés, así como
entre todas las poblaciones, nómadas o sedentarias, urbanas o europeas, a veces en forma de sortija e incluso de abrebotellas, como emblema de unidades militares o como símbolo de aventura en los 4x4
de las agencias de viajes. En Europa es producida industrialmente en todos los materiales y los herreros
de Agadés han sabido adaptarse a los gustos de su clientela añadiéndole cobre, latón e incluso oro, particularmente apreciado por los árabes. Numerosos autores la han descrito como el origen de las principales variantes de cruz difundidas al norte, en el macizo Ayr, y al sur, hasta Tahoua, donde es adornada con motivos grabados, factura nada habitual dada su sencillez tradicional.
Cruz de Tahoua (ti-n-neghel tan tawa):
En tanto que las cruces del norte presentan en general una superficie llena, las de la región de Tahoua parecen sistemáticamente aligeradas por triángulos o cuadrados calados que dividen la joya en dos o
más zonas simétricas respecto al centro. Este estilo calado es frecuente en la arquitectura de las casas hausa, especialmente en las balaustradas que rodean las terrazas y los techos. Para referirse a este tipo
de cruces tanto los tuareg como los hausa usan el término zakkat, cuyo significado nos es desconocido,
o el término hausa kaule.
Cruz de Zinder (ti-n-neghel tan Zinder)
La denominación de esta cruz es perfectamente arbitraria. En efecto, la ciudad de Zinder se halla en
la franja meridional de Níger, en plena zona hausa. Los herreros suelen llamarla zakkat o, mejor aún, tenaleit, “pequeño mijo”, alusión al fino borde dentado que corona la anilla superior y que recuerda
el gran de mijo. La parte inferior de la cruz presenta un gran chatón triangular que también hallamos
en las siguientes cruces y no deja de recordar, de un modo estilizado la forma general de la cruz de
Agadés.
Esta cruz suele llevarse en gran número, acompañada de cruces In Gall.
Cruz de In Gall (ti-n-neghel tan Ingal)
Aunque respondiendo a una denominación anterior, tanfuk n azraf, este colgante procede efectivamente de In Gall, una aldea situada al oeste de Agadés. A diferencia de las demás cruces, consta de una cinta de plata obtenida por martilleo y doblada sobre sí misma para formar una especie de cápsula coronada por un anillo cuyos extremos inferiores se enrollan en espiral a los lados.
La cápsula se rellena con una masa de resina o cera en la que se hunde una punta triangular, originariamente de ágata roja y ahora a menudo de vidrio o materialplástico de color rojo brillante.
El término tanfuk deriva del verbo enfeg, “crecer”, “empujar” y, por extensión, “a medio salir”, en alusión a la punta roja que emerge de la cápsula, como el sol al alba.
Entrevista publicada en La Contra de La Vanguardia
1 de febrero 2007
Moussa Ag Assarid es el mayor de trece hermanos de una familia nómada de tuaregs. Nació al norte de Malí hacia 1975 y en l999 se traslad´a Francia para estudiar. Es autor de “En el desierto no hay atascos”, donde describe su fascinación y perplejidad ante el mundo occidental.
Tenéis de todo pero no os basta. Os quejais,
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
En el desierto no hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
A continuación está la entrevista que concedió a La Vanguardia
No sé mi edad: nací en el desierto del Sahara, sin papeles…!
Nací en un campamento nómada tuareg entre Tombuctú y Gao, al norte de Malí. He sido pastor de los camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre. Hoy estudio Gestión en la Universidad Montpellier. Estoy soltero. Defiendo a los pastores tuareg. Soy musulmán, sin fanatismo.
¡qué turbante tan hermoso…!
Es una fina tela de algodón: permite tapar la cara en el desierto cuando se levanta la arena, y ala vez
seguir viendo y respirando a su través.
Es de un azul bellísimo…
A los tuareg nos llaman los hombres azules por esto: la tela se destiñe algo y nuestra piel toma tintes azulados…
¿por qué?
Es el color dominante: el del cielo, el hecho de nuestra casa.
¿Quiénes son los tuareg?
Tuareg significa “abandonados”, porque somos un viejo pueblo nómada del desierto, solitario,
orgulloso: “Señores del Desierto”. Nos llaman. Nuestra etnia es la amazigh (bereber), y nuestro
alfabeto, el tifinagh.
¿cuántos son?
Unos tres millones, y la mayoría todavía nómadas. Pero la población decrece… “¡hace falta que un
pueblo desaparezca para que sepamos que existía!”, denunciaba una vez el sabio: yo lucho por
preservar este pueblo.
¿a qué se dedican?
Pastoreamos rebaños de camellos, cabaras, corderos, vacas y asnos en un reino infinito y de
silencio…
¿de verdad tan silencioso es el desierto?
Si estás a solas en aquel silencio, oyes el latido de tu propio corazón. No hay mejor lugar para
hallarse a uno mismo.
¿qué recuerdos de su niñez en el desierto conserva con mayor nitidez?
Me despierto con el sol. Ahí están las cabras de mi padre. Ellas nos dan leche y carne, nosotros las llevamos a donde hay agua y hierba… así lo hizo mi bisabuelo, mi abuelo, y mi padre… y yo, ¡no había otra cosa en el mundo más que eso, y yo era feliz en él!
¿sí? No parece muy estimulante…
Mucho. A los siete años ya te dejan alejarte del campamento, para lo que te enseñan las cosas importantes: a olisquear el aire, escuchar, aguzar la vista, orientarse por el sol y las estrellas… y a dejarte llevar por el camello, si te pierdes: te llevará a donde haya agua.
Saber eso es valioso, sin duda…
Allí todo es simple y profundo. Hay muy pocas cosas, ¡y cada una tiene un enorme valor!
Entonces este mundo y aquél son muy diferentes, no?
Allí, cada pequeña cosa proporciona felicidad. Cada roce es valioso. ¡sentimos una enorme alegría por el simple hecho de tocarnos, de estar juntos! Allí nadie sueña con llegar a ser, ¡porque cada uno ya es!
¿qué es lo que más le chocó en su primer viaje a Europa?
Vi correr a la gente por el aeropuerto…¡en el desierto sólo se corre si viene una tormenta de arena!
Me asusté, claro…
Sólo iban a buscar las maletas, ja,ja…
Sí era eso. También vi carteles de chicas desnudas: ¿por qué esa falta de respeto hacia la mujer?,
me pregunté…después, en el hotel Ibis, vi el primer grifo de mi vida: vi correr el agua…y sentí ganas
de llorar.
Qué abundancia, qué derroche, ¿no?
¡todos los días de mi vida habían consistido en buscar agua! Cuando veo las fuentes de adorno aquí
y allá, aún sigo sintiendo dentro un dolor tan inmenso…
¿tanto como eso?
Sí. A principios de los 90 hubo una gran sequía, murieron los animales, caímos enfermos… yo
tendría unos doce años, y mi madre murió… ¡ella lo era todo para mí! Me contaba historias y me
enseñó a contarlas bien. Me enseñó a ser yo mismo.
¿qué pasó con su familia?
Convencí a mi padre de que me dejase ir a la escuela. Casi cada día yo caminaba quince kilómetros.
Hasta que el maestro me dejó una cama para dormir, y una señora me daba de comer al pasar ante
su casa… entendí: mi madre estaba ayudándome…
¿de dónde salió esa pasión por la escuela?
De que un par de años antes había pasado por el campamento el rally París –Dakar, y a una
periodista se le cayó un libro de la mochila. Lo recogí y se lo dí. Me lo regaló y me habló de
aquel libro: El Principito. Y yo me prometí que un día sería capaz de leerlo…
Y lo logró
Sí. Y así fue como logré una beca para estudiar en Francia
¡Un tuareg en la universidad…!
Ah, lo que más aoro aquí es la leche de camella…y el fuego de la leña. Y caminar descalzo sobre
la arena cálida. Y las estrellas: allí las miramos cada noche, y cada estrella es distinta de otra, como
es distinta cada cabra… aquí, por la noche, miráis la tele.
Sí…¿qué es lo que peor le parece de aquí?
Tenéis de todo, pero no os basta. Os quejáis. ¡En Francia se pasan la vida quejándose!
Os encadenáis de por vida a un banco, y hay ansia de poseer, frenesí, prisa… en el desierto no
hay atascos, ¿y sabe por qué? ¡porque allí nadie quiere adelantar a nadie!
Reláteme un momento de felicidad intensa en su lejano desierto.
Es cada día, dos horas antes de la puesta de sol: baja elcalor, y el frío no ha llegado, y hombres y animales regresan lentamente al campamento y sus perfiles se recortan en un cielo rosa, azul, rojo
amarillo, verde,….
Fascinante, desde luego…
Es un momento mágico…entramos todos en la tienda y hervimos té. Sentados, en silencio, escuchamos el hervor… la calma nos invade a todos: los latidos del corazón se acompasan al
pot-pot del hervor…
Que paz…
Aquí tenéis reloj, allí tenemos tiempo.
ANEXO
ARTÍCULO: AULA ABIERTA
La errática enseñanza de los nómadas
Con demasiada frecuencia, la
enseñanza ha sido utilizada
para transformar la identidad
de los nómadas. Esto explica
los resultados irregulares
que suele cosechar.
SAVERIO KRATLI
Investigador del Institute of Development Studies
(Reino Unido) ESPECIALIZADO EN EDUCACIÓN DE LAS
POBLACIONES NÓMADAS
La vida en las tierras áridas es dura. No hay sombra donde protegerse, el sol agrieta la tierra y, durante la sequía, dar de beber a los animales es una pesadilla. Pero los pastores saben como sobrevivir. Saben que nadie puede aguantar tanto como ellos sin beber ni comer. Cuando por fin llega, el pasto se pone precioso y el rebaño engorda rápidamente. Los pastores conocen a cada uno de sus animales, su color y su comportamiento, a sus “padres” y a sus “antepasados” de varias generaciones y piensan que no sólo son hermosos, sino que tienen personalidad propia.
Educar sin transformar
Cada vez que se enfoca la educación de los pastores se suele menospreciar el que pertenezcan a pueblos como, entre otros, los Turkana (Kenia), los Rabari (India) y los Qashqa’i (Irán) que están orgullosos de su identidad y aman profundamente su duro estilo de vida, con su complejidad y su sofisticación. Sin embargo, siempre que se les quiere proporcionar una educación se los intenta cambiar. La historia de los programas educativos dirigidos a los nómadas se resume en un encuentro entre gente deseosa de adaptarse a un contexto en evolución – monetarización de la economía, transformación de la mano de obra en bien de consumo y privatización de la tierra – y un amplio espectro de actores, desde responsables políticos y de proyectos hasta maestros y funcionarios locales, convencidos de que hay que “salvar” a los nómadas de su estilo de vida. El “problema” de la educación masiva de los nómadas radica en este choque cultural.
Los pastores nómadas son decenas de millones. Se concentran sobre todo en las tierras áridas de
África, Medio oriente, y el centro, oeste y suroeste de Asia. Entre ellos figuran algunas de las poblaciones más vulnerables. Suelen contribuir de forma significativa a la producción agrícola nacional.
La movilidad, las duras condiciones ambientales y el aislamiento dificultan la enseñanza formal de millones de niños nómadas, que quedan fuera del sistema.
Apoyo político
Mongolia, cuya población es mayoritariamente nómada, es un caso aparte. Desde 1940, la enseñanza pública es obligatoria de los 8 años a los 18 años. Al principio, el sistema se apoyó en una red de escuelas internados que abarcaba todos los asentamientos rurales. La enseñanza era gratuita y representaba más del 15% del PIB. Los maestros – generalmente de origen nómada – eran numerosos, estaban muy motivados y comparativamente, bien pagados. En 20 años, la tasa de alfabetización de Mongolia pasó del dos a más del 90%, llegando al 100% en 1990, antes de la liberización. Este resultado sin precedentes – y a la vez único – no se puede explicar por el contenido pedagógico innovador del programa. El plan de estudios era muy teórico y estaba centrado en los educadores. El éxito se debe más bien a un entorno humano cordial y a la ausencia de roces culturales entre las escuelas y los nómadas.
Pero Mongolia no deja de ser una excepción.
En los demás países, debido a la escasa documentación y la diversidad de contextos, es difícil disponer de datos concretos sobre la educaión impartida a los nómadas. Si es patente el apoyo de la clase política a las iniciativas. En Somalia, en 1974 el gobierno tomó una medida drástica:
con motivo de una campaña de desarrollo rural, cerró durante un año todas las escuelas secundarias y mandó a 20.000alumnos y maestros al campo para enseñar a leer y escribir a la población nómada.
Se utilizaron métodos aprendidos en escuelas musulmanas, escribiendo letras en pizarras, leyéndolas en voz alta y haciendo repetir a los alumnos.
La intención era realizar una campaña de doble sentido, como decía el eslogan: “Enseña lo que sabes, aprende lo que no sabes”. A pesar de la sequía de 1974, la campaña sorprendió por su éxito rotundo en tan sólo siete meses 910.000 de los 1,2 millones de alumnos inscritos se presentaron al exámen final, y 800.000 lo superaron.
De nuevo, esa campaña fue una excepción. Es más común que en África se facilite una educación a los pastores nómadas al tomar conciencia de que las tierras áridas y el ganado constituyen recursos “nacionales” valiosos. Como tales, los pastores deben integrarse más en la economía, en especial a través de un aumento de la producción, y se cuenta con la educación para “modernizarlos”.
El caso de Kenia es ilustrativo. En 1970, el Parlamento enmendó el acuerdo anglomaasai, que prohibía a los no Maasai el acceso a las reservas y lanzó un programa destinado a fomentar la escolarización a través de una red de internados al alcance de las familias pobres. Pero los maasai despreciaron las nuevas instalaciones, que fueron asaltadas por grupos étnicos sedentarios.
A finales de los años 70, cuando se descubrió que los internados no funcionaban a plena capacidad, el gobierno decidió dejar de subvencionar temporalmente el programa. Algunos analistas señalaron que era un error facilitar enseñanza en un entorno subdesarrollado económicamente y carente de servicios sociales. Se pensó que el aumento de recursos monetarios desembocaría en una demanda de educación y se implementó el Plan de Desarrollo de 1984-1988 con el objetivo de aumentar los rebaños y facilitar el acceso a los mercados y los servicios bancarios.
En los últimos diez años,
con el auge
de la descentralización y
la financiación compartida
de la educación, algunos gobiernos han
decidido asociarse
con agencias de desarrollo
internacionales en vez
de invertir a gran escala en
programas educativos
Lejos de examinar los defectos del primer programa, se culpó al estilo de vida “atrasado” de los pastores y se invirtió el enfoque: se dejó de ver la enseñanza como una vía de desarrollo y se apostó por el desarrollo como vía de enseñanza.
Siempre se culpa a los pastores del fracaso de los programas educativos en las zonas rurales.
En vez de reconocer que el sistema nacional es incapaz de adaptarse a las condiciones de vida de una gran parte de sus ciudadanos, se considera que el problema radica en el modo de vida obsoleto y en el conservadurismo cultural de los nómadas. No se investiga apenas el impacto de la educación.
Los datos sobre el número de matrículas y el nivel de asistencia a clase proceden de registros locales
a menudos incompletos e incorrectos que sirven de base para la evaluación de los programas.
Consecuentemente se sigue sin conocer su verdadero impacto. Las redes, normas y jerarquías sociales desempeñan un papel central en la vida de los pastores y a menudo se ven socavadas por la enseñanza.
Una línea divisoria suele separar a los miembros de la comunidad alfabetizados de los demás.
Según investigaciones recientes, los proyectos con un objetivo de cambio definido integrados en programas educativos para nómadas crean antagonismos entre la estructura escolar y las normas de socialización.
Es posible que los gobiernos ya no traten de transformar a los pastores en agricultores sedentarios pero siguen intentando convertirlos en algo “diferente”, por ejemplo en ganaderos “modernos”, como en el caso de Nigeria.
Un modelo para cada
realidad social
En los últimos diez años, con el auge de la descentralización y la financiación compartida de la educación, algunos gobiernos han decidido asociarse con agencias de desarrollo internacionales en vez de invertir a gran escala en programas educativos. Las poblaciones nómadas son el principal objetivo, ya que tienen las mayores tasas de analfabetismo. Actualmente varios programas educativos no formales facilitan un servicio acorde con la vida de estas poblaciones. Al dejar de poner énfasis en la productividad, es posible tratar temas cruciales como el acceso a los recursos, la solución de los conflictos y la defensa de los intereses locales. En Senegal por ejemplo, se imparten cursillos en los idiomas locales de los pastores. En Kenia, un programa extraescolar lanzado en 1992 ha reado centros de aprendizaje, totalmente integrados en la comunidad, donde se ofrece una enseñanza primaria no formal a los hijos de los nómadas.
Sin embargo, estos enfoques innovadores no solucionan la insuficiencia estructural de los sistemas educativos. Suelen consistir en “enganchar2 a los nómadas para que se integren en el sistema y no proporcionan sino una educación paralela de segunda clase. Mientras no se trate el problema de poder que subyace entre la educación formal y no formal, sólo se conseguirá enclavar a niños nómadas en sistemas rígidos.
El Correo de la UNESCO – Octubre 2000
AULA ABIERTA
La errática enseñanza de los nómadas
LA ESCUELA, NUEVA ARMA
DE LOS TUAREG
YVES BERGERET
Escritor y Profeson francés, fundador de la Asociación
Langüeet Espace, Especializada en los Intercambios
Artísticos Norte – Sur
Los Tuareg, que durante mucho
tiempo desconfiaron de la
escuela, comienzan a aceptarla.
Pero, ¿Qué sistema debe
adoptarse, la enseñanza ambulante o
sedentarización de los alumnos? Cada estado tiene su
propia solución.
“No cabe duda, la situación ha cambiado. Desde hace algunos años, en todos los campamentos, los padres valoran la escuela. Quizá nuestra cultura nómada se esté transformando”, afirma M.Khatta, representante de los padres de los alumnos de la pequeña escuela de Imbasassoten, al sur de Tombuctú (Malí), que acoge a alumnos Peul y tuareg. Las seis clases que la componen cubren los dos ciclos fundamentales, de seis a doce años y de doce a dieciocho y, además, el centro propone cursos nocturnos de alfabetización de adultos.
En otros lugares, la situación invita a la cautela. La escuela de Yebok, por ejemplo, a 40 km al este de Gao, cuenta este año 254 alumnos en las cuatros clases del primer ciclo y sólo 25 en las cinco de segundo ciclo. Su director, Mohamed ag Hamadida, se queja de la evaporación anual del 15% de los alumnos. Esto se debe, explica, a las condiciones de vida: algunos campamentos están situados lejos de la escuela y la tradición considera que la cría del ganado es más importante que la asistencia a los que aquí llaman “la escuela francesa”.En los primeros años, la enseñanza es impartida en las diferentes lenguas maternas, conforme al sistema pedagogico “convergente”. En el primer año, el 75% de la enseñanza es en tamazight, la lengua materna de los Tuareg. Paulatinamente el francés asume un lugar cada vez mayor hasta convertirse, a partir del sexto año en el único idioma oficial de enseñanza.
La escolarización “moderna” remonta al tiempo de la colonización francesa. Entonces los jefes Tuareg que no la aceptaban, reemplazaban a sus hijos con otros niños que arrebataban a las familias vasallas. Después de la independencia de los distintos países, la desconfianza respecto a esta institución, alejada de la cultura tradicional y culpable de fomentar la sedentarización, persistió.
Pero los acontecimientos recientes han modificado completamente esta percepción.
Las grandes sequías de 1973 y 1984, la rebelión armada de principios de los 90 y la represión han provocado éxodos repetidos.
Después de los acuerdos de paz (firmados por primera vez en 1992 en Malí y en 1995 en Níger), laspoblaciones desplazadas comenzaron a retornar con la ayuda del Alto Comisionado de Naciones
Unidas para los Refugiados (ACNUR).
Desde entonces, al constatar que la escolarización ayudaba a encontrar trabajos diferentes a la cría
nómada de animales y promovía la inserción de los Tuareg en la administración, los padres adoptaron una actitud nueva. Hoy numerosas organizaciones intervienen en la escolarización de los Tuareg: Banco Mundial, la Cooperación Francesa y Neerlandesa, la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), US Aid, o el Banco Islámico para el Desarrollo. Por su parte, también los Estados se preocupan de este problema. En enero de 2000, Emmanuel Sagara, Director Regional de Enseñanza Primaria de la región de Gao, presidió en N’Djamena (Chad), un seminario de pedagogos y administradores de Burkina Faso, Mauritania, Níger, Chad y Malí.
En él se constató que cada país sigue una política muy diferente. Chad mantiene las “escuelas nómadas”, cuyos profesores se desplazan junto con los campamentos.
Níger prefiere una semi sedentarización: los niños van a la escuela seis meses al año y pasan los otros
seis en los campos de pastoreo. Malí promueve la implantación de zonas con perforaciones para el
agua y edificios escolares alrededor de los cuales los pastores viven como nómadas.
Según Sagara “en la región de Gao el índice de escolarización de los niños de 6 a 12 años es de 36%.
Las niñas representan el 18% de los alumnos. Pero no existen datos sobre el grado de escolarización
de los niños nómadas, porque el idioma y el origen cultural no son considerados referencias pertinentes. También Suleyman ag Medí, responsable de la ONG Télouet para el desarrollo del Norte de Malí, observa un cambio de mentalidad. Consciente del riesgo de pérdida de la propia cultura de los jóvenes Tuareg escolarizados, subraya que son ellos mismos quienes han de desarrollarla, creando instituciones como editoriales, periódicos, centros de investigación y documentación o museos, que hasta ahora brillan por su ausencia.
Octubre 2000 – El correo de la Unesco
* las gráficas del proyecto de diseño aún están expuestas en la muestra de la Escuela de la Joya




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